Jaula

        Mirar un rostro es un acto subversivo de destrucción, como acercar una cerilla al lomo de un libro escrito. No hay de qué preocuparse, ninguna palabra ha sido capaz de nombrar un rostro, a lo sumo apresó un gesto o una mueca irónica quedo prendada de una página en blanco.

       Mirar un rostro es coser puntada a puntada cada deseo interno retenido, cada palabra apresada por los dientes, cada pensamiento arrinconado bajo la superficie de la piel.

 

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